Cómo el poder de la familia y la fe pueden hacer posible lo imposible.
A Javier Navarro, le diagnosticaron Esclerosis Múltiple hace más de 15 años, el verano del 2017 nos dijo que quería peregrinar a Santiago de Compostela.
Dicho y hecho, a su deseo la respuesta positiva de la familia y amigos de Villaviciosa de Odón y del Colegio Fray Luis de León. Desde que nos unió en la aventura, todos y cada uno de sus pensamientos se centraron en cómo conseguir llegar a Santiago y su enfermedad quedó en un segundo plano.
Organizamos nuestra aventura, “A Santiago con Javier”, como quien organiza el viaje de fin de curso, necesitábamos una silla especial y alojamiento muy adaptado, etc. Hicimos camisetas, fiesta, sorteamos un cuadro del pintor José Luis Martín de Vidales…etc para conseguir financiación.
La Silla- PEPETA
Compramos la silla en Francia y la bautizamos como PEPETA en homenaje a una profesora del colegio. La idea de Javier es donarla a la Fundación Esclerosis Múltiple Madrid para que la utilicen más enfermos y puedan disfrutar de la experiencia.
El primer día, la aventura comienza
Empezamos un 27 de abril de 2018 y casualmente éramos 27 peregrinos.
El primer día no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar ni siquiera si íbamos a ser capaces de terminar la jornada. Antes de empezar el caminar rezamos la Oración del Peregrino para que nos guardara en nuestro caminar y Santi, uno del cole, al oir que decíamos “Apostol Santiago…” va y nos grita: ¡Presente…! y se convirtió en nuestro grito de guerra y ánimo cada mañana”.
Ese día iniciamos la andadura con una silla adicional pues, en el fondo, no sabíamos si con la Pepeta podríamos hacer la jornada. Acabamos desmontándola y llevándola entre todos. La gente nos preguntaba sorprendidos que para quién era y cuando le decíamos que su dueño iba muchos metros por delante no podían creerlo. Al día siguiente no la sacamos.
De dos en dos tiraban de la silla por parejas, Javier equilibraba con su peso los giros del camino, hacía frío y llovía y aguantó como un campeón las 5 jornadas desde Sarriá a Santiago una media de 22km diarios.
El segundo y tercer día

El primer día nos tocó cruzar por un pequeño arroyo que no podíamos evitar con la silla. Fernando y Edu no lo dudaron se descalzaron sobre la marcha y lo cruzaron tirando de la silla. Estábamos muy emocionados y preocupados por lo que pudiéramos encontrarnos después.
La segunda jornada fue durísima, la cuesta arriba de la salida de Porto Marín, parecía que no tenía fin, son unos 4km de subida, pero no nos achantamos y seguimos hasta el final.
La tercera jornada fue pasada por agua, no veíamos el momento de llegar a Melide, nos habíamos prometido reponer fuerzas con un buen Pulpo en A Garnacha. Javier estaba calado hasta los huesos pero nuevamente nos demostró con creces su valía y afán de superar todos los inconvenientes. Si él no se quejaba los demás menos, luego supimos que para él lo peor era ver el sufrimiento de los que le acompañábamos, los que tiraban de La Pepeta para recorrer esos caminos…
Y llegarón a Santiago
Y así hasta llegar a Santiago… El día 1 de mayo por fin llegamos al Monte do Gozo. Qué alegría, ya veíamos el final del camino. A las puertas de Santiago Rocío, su mujer, y sus hijas cogieron los mandos de la silla y durante más de media hora tiraron de ella hasta llegar a la Plaza del Obradoiro. Eramos un grupo muy compacto, la gente se paraba a vernos y nos aplaudía comprendiendo el inmenso esfuerzo ya que se veía en nuestras caras. Al llegar a la plaza todo eran llantos y abrazos. lo habíamos conseguido.
Pero el viaje no había terminado todavía

El día 2 de mayo, asistimos a la Misa del Peregrino, habíamos solicitado el Botafumeiro y disfrutamos de su vuelo. Ahora tocaba subir a abrazar al Apóstol. Los que lo habéis hecho ya sabéis el poco espacio que hay. Pero había que subirle. Medimos la puerta de acceso, medimos la silla, pedimos permiso y dimos con un guarda de seguridad maravilloso que nos facilitaba la tarea.
Allá qué fuimos con la silla…; nuestro gozo en un pozo: No cabía por la puerta.
Ninguno teníamos la más mínima intención de que Javier no subiera. Y uno dijo “quitamos las ruedas y lo subimos a pulso”. Dicho y hecho: Las ruedas por un lado y la silla por el otro. Eduardo cogió la silla por detrás y Enrique, el cuñado de Javier, por los pies. Entre los dos lo subieron a pulso. Por detrás de ellos sus inseparables Miguel, Gorki, Roberto, KanKan, algún otro que no recuerdo y su queridísima Rocío. Un escalón. «Arriba”, cogen fuerzas, respiración profunda de esa que se oye bien desde abajo: “Vamos a por otro escalón, arriba». Voces de los distintos «capataces», porque eso parecían: «Un poco a la derecha…, algo más a la izquierda…». Otro escalón más hasta un total de nueve creo recordar.
Lo estábamos consiguiendo, la gente que estaba haciendo cola para pegarle el abrazo al apóstol guardaba un silencio respetuoso, sorprendidos del valor de la amistad y el cariño a Javier. Me colé por la puerta de la salida y en ese momento lo veo: Giran la silla para que encare al Apóstol. Baja un pie y luego el otro, y de pronto se pone de pie con la ayuda de su hermano y del resto de sus amigos y se abraza al apóstol pidiendo por cada uno de nosotros. Toda la gente que estaba alrededor de nosotros rompe a aplaudir en medio de un llanto silencioso. Lo habíamos conseguido, con el tesón de tantos amigos y familia habíamos llegado al fin de nuestra aventura, de nuestra peregrinación, de nuestro primer Camino.
Reflexiones…
Hacer El Camino en silla de ruedas no es nada fácil. Las jornadas se hacen eternas, las cuestas no tienen fin, los caminos no están adaptados lógicamente. Descubrimos que en estas circunstancias había que seguir las indicaciones y que si ponía que era difícil para nosotros se convertía en imposible, en la primera etapa tuvimos que desandar parte del Camino y desde entonces no nos arriesgamos más.
Los alojamientos accesibles son pequeños para un grupo como el nuestro y los más grandes no estaban plenamente adaptados.
Aún así conocimos la solidaridad de los peregrinos, la hospitalidad de los gallegos en las distintas paradas que hicimos, recordamos con cariño una parada en el Bar Brea que apareció en mitad del camino cerca de Salceda, cuyo dueño nos invitó a productos de la tierra para que cogiéramos fuerzas. Hicimos amigos de Italia, Chile, Portugal, Estados Unidos… El grito de “Buen Camino” era constante y siempre lo recibíamos con cariño.
Empezamos 27 y se fueron uniendo familiares y amigos a medida que sus obligaciones se lo permitían y acabamos 41, más los muchísimos que siguieron nuestro Camino casi a la vez a través de las RRSS y que esperaban nuestras crónicas a diario. Éramos un grupo de lo más variopinto que nos unimos como los mosqueteros por una única causa, que Javier llegara a Santiago.
Gracias a…
Contamos con la colaboración de Decathlon, que nos prestó los bastones para andar y nos ayudó con la equipación, Elizabeth Arden y Mary Kay nos regalaron cremas y no tuvimos ni una ampolla. El Ayuntamiento de Villaviciosa de Odón, lugar de veraneo de muchos de nosotros, nos cedió una bandera con el escudo del pueblo que llevamos con orgullo por Galicia, y unos bordones para los que preferían apoyarse en el bastón tradicional.
Para Javier, la experiencia ha sido estupenda, del Camino todos hemos oído algo pero como nos dijo: “empezarlo, el reto de llegar… saber que he elegido bien a los compañeros y, sin dudarlo, lo mejor ha sido entrar en Santiago de Compostela con mi mujer Rocío y 3 de mis hijas, Ana, Leticia y Carmen tirando de la silla, sin una queja y siempre con una sonrisa”.
Ya estamos pensando en nuestro segundo Camino. Es un nuevo reto que afrontamos con ilusión, la organización lleva su tiempo y estamos aún pensando cuál es el mejor y el que mejor se adapta a nuestras circunstancias.
Desde Instagram con #ASantiagoconJavier, estamos preguntando a nuestros seguidores, queremos que sean partícipes de todo. Hay que dar visibilidad a esta enfermedad para ayudar a tantos otros Javieres que hay por el mundo. Hay que luchar para que la Esclerosis no les impida llevar una vida lo más activa y normal posible.








